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Crítica ¡Ayuda!: Sam Raimi marca registrada

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¡Ayuda! (Send Help, Estados Unidos, 2026). Dirección: Sam Raimi. Guion: Damian Shannon, Mark Swift. Fotografía: Bill Pope. Edición: Bob Murowski. Elenco: Rachel McAdams, Dylan O’Brien, Edyll Ismail, Xavier Samuel, Chris Pang, Thaneth Warakulnukroh, Emma Raimi, Dennis Haysbert.  Duración: 113 minutos 

Sam Raimi vuelve a moverse en su territorio natural después de una etapa de enorme exposición dentro del cine mainstream, que incluyó nada menos que la trilogía de Spider-Man (2002–2007) y, más recientemente, Doctor Strange en el Multiverso de la Locura. Lejos de cualquier ruptura, Send Help funciona como una continuidad lógica de una carrera que siempre supo dialogar con lo popular sin resignar identidad, recuperando ahora un registro más íntimo, incómodo y lúdico.

La película se apoya en una mezcla precisa de terror, comedia negra y una marcada acidez narrativa, donde el humor no funciona como alivio sino como elemento perturbador. Raimi vuelve a jugar con los climas, los tiempos y el espacio, construyendo un relato que avanza con tensión constante y un pulso visual que remite a su etapa más autoral. Hay nervio, hay riesgo y hay una clara voluntad de incomodar.

El guion, a cargo de Damian Shannon y Mark Swift, es uno de los grandes aciertos del film. Sólido, ajustado y sin excesos explicativos, apuesta por una progresión dramática que se sostiene casi exclusivamente en la dinámica entre sus protagonistas. Allí es donde la película encuentra su mayor potencia.

Rachel McAdams ofrece uno de los trabajos más notables de su carrera, componiendo un personaje complejo, sensible y ferozmente inteligente. Dylan O’Brien, en contrapartida, construye una figura incómoda, cargada de cinismo y fragilidad, que evita el estereotipo del antagonista plano. La química entre ambos sostiene la tensión emocional y convierte cada intercambio en un pequeño campo de batalla.

Linda Liddle (McAdams) trabaja en el área de Estrategia y Planeamiento de una consultora. Brillante con los datos y meticulosa en el análisis, su aporte es fundamental para la empresa, aunque su figura es sistemáticamente subestimada. Su nuevo jefe, Bradley Preston (O’Brien), encarna un liderazgo tóxico, basado en el desprecio constante y la humillación cotidiana. La paradoja es evidente: Bradley necesita de sus habilidades para supervisar una inminente fusión empresarial y decide sumarla al vuelo privado de la compañía.

En medio de una tormenta eléctrica, el avión cae al mar. Todos los ocupantes mueren, excepto Linda y Bradley.

Aislados en una pequeña isla, sin contacto con el exterior ni recursos, la película se transforma en un juego perverso de supervivencia, desgaste psicológico y humor ácido, donde el conflicto central deja de ser exclusivamente físico para volverse moral y emocional. Raimi exprime el encierro con inteligencia, apoyado en la fotografía precisa y expresiva de Bill Pope, que convierte el espacio en una extensión del estado mental de los personajes.

La tensión narrativa se potencia además gracias a la edición quirúrgica de Bob Murawski, que administra los tiempos, los silencios y los estallidos con una cadencia perfecta, sosteniendo el pulso del relato incluso en sus momentos más introspectivos.

Sin subrayados ni discursos explícitos, Send Help deja filtrar una mirada crítica sobre las dinámicas laborales contemporáneas, las relaciones de poder y la violencia simbólica dentro del mundo corporativo, integrando esos temas al relato sin convertirlos en consigna.

El resultado es una película filosa, tensa y profundamente entretenida, que confirma que Sam Raimi sigue siendo un director capaz de moverse con la misma naturalidad bajo presión de las grandes productoras como Marvel o en un proyecto chiquito y personal como ¡Ayuda! (Send Help): es una peli de Sam Raimi marca registrada.

 

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